Cuando parece que la historia te la han contado tantas veces que tienes la sensación de haberla vivido, la aparición de un nuevo relato lo cambia todo. Este es el caso de Ropa música chicos, la reciente autobiografía de Viv Albertine editada por Anagrama hace menos de un mes.

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La que fuera guitarrista de la banda femenina The Slits (1976) nos cuenta sus vivencias en presente continuo. Un relato voraz, donde nos hace partícipes de sus episodios más sórdidos enmarcados en el Londres de los años 70.  Relata el surgimiento del punk como necesidad ante una sociedad enrabietada por los estragos de las desigualdades sociales y los cánones patriarcales. “Una generación de mujeres frustradas nos convirtió en militantes. La segunda ola feminista nació de su amargura. Yo solo tenía la rabia de mi madre y mi propio aburrimiento. No era muy guay, ni muy inteligente. El cabreo era mi gasolina.”

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Por primera vez, aquellos años de provocación y excesos que marcaron la historia del punk son contadas por una voz femenina única. Es en ella donde descubrimos cómo figuras emblemáticas e hipermasculinas se tornan más terrenales, alejándonos de esa areola de radicalidad en la que siempre se han encasillado: Sid Vicious, Mick Jones, Johnny Rotten y Johnny Thunders, Malcolm McLaren, Joe Strummer… una larga lista de amistades y anécdotas de las que se vale para contarnos su vida. “Todos éramos gente rara, todos veníamos de familias jodidas. No había Internet, no había revistas que hablaran de nosotros, gravitamos hacia el punk porque era el único sitio que nos aceptaba.”

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Nos encontramos en una época donde la presencia femenina en el rock era casi inexistente. Los chicos tenían muchas figuras masculinas a las que imitar: Davies, Bowie, Bolan, Jagger… El papel de las chicas quedaba relegado al de cantante o corista, pero para alguien sin talento musical como era el caso de Albertine, el camino se hacía más complicado. La llama se prendió al ver a Sex Pistols en su primer concierto haciéndola creer que quizás sí  había un hueco para alguien como ella. “Rezumaba música por todas las células de mi cuerpo, pero jamás se me ocurrió que podía formar parte de un grupo, ni se me pasó por la cabeza. ¿Por qué habría de ocurrírseme algo así? ¿Quién lo había hecho antes que yo? No existía nadie con quien pudiese identificarme. Ninguna chica tocaba la guitarra eléctrica. Sobre todo ninguna chica común y corriente como yo“.

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Poco tiempo después empezará a formar parte de la única banda femenina dentro de la primera escena punk británica: The Slits. Viv nunca se resignó a aceptar el lugar confinado para las chicas y fue junto a Ari Up, Palmolive y Tessa Pollit con quien encontraría su forma de expresión. “La gente se apartaba para dejarnos pasar, o nos escupen o nos insultan y nosotras nos reímos. Juntas somos invencibles”.

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Albertine tildaba de ser demasiado “buenas músicas” o glamurosas a las chicas con las que compartían escena: Siouxsie Sioux,  Chrissie Hynde,The Runaways…Las Slits se subían al escenario sin tener ni idea de tocar, aprendiendo a la forma masculina pero buscando un sonido propio sin llegar a la imitación, como hacían los chicos. “Los grupos de chicas del punk eran mucho más radicales que los de chicos. Nacimos de la más absoluta nada, sin ningún tipo de bagaje rock. Nuestros modelos eran extraños, no nos daba vergüenza coger de todas partes. Don Cherry, Sun Ra, Mary Poppins.” 

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Como si de un disco se tratara, Ropa, música y chicos (Anagrama, 2017) consta de dos caras: A y B. En la primera nos habla de su infancia, adolescencia, surgimiento del punk y de The Slits hasta su disolución. ¿Cómo puedes pasar de ser la guitarrista de un grupo punk a profesora de aerobic?

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En la segunda parte nos habla de sus intentos de normalización, el matrimonio, la maternidad, el cáncer… un resurgir a la vida y vuelta a los escenarios. Una lucha personal entre los cánones establecidos y los impulsos de su propia naturaleza. Viv Albertine por más que lo intente nunca dejará de ser una chica punk. “Me esforcé tanto para parecer normal, para que mi hija tuviese amigas y nadie pensara que era una friki… Pensé que si nadie se enteraba que yo era la de las Slits, las madres de las amigas de mis hijas las dejarían quedar a pasar la tarde”.

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La tercera bala que nos lanza es el tema de “la ropa”. Nos hace un análisis de la evolución de la moda y la estética como medio de expresión y adaptación, sustituyendo el Do it yourself por el Destroy it yourself .¿Es cierto que fuiste la primera chica que se puso unas Dr Martens con vestidos y tutús tras una pelea en un bar con Sid Vicious?¿De verdad Sid se rompía la ropa y le ponía imperdibles porque le estaba pequeña? ¿Realmente odiabais tanto el color marrón? Si tú lo dices me lo creo.

Members of British punk group The Slits, minus a bass player, in Daventry Street London, NW1, 1977. Left to right: singer Ari Up (Ariane Forster, 1962 - 2010), drummer Palmolive (Paloma Romero) and guitarist Kate Korus. (Photo by Julian Yewdall/Getty Images)

Members of British punk group The Slits, minus a bass player, in Daventry Street London, NW1, 1977. Left to right: singer Ari Up (Ariane Forster, 1962 – 2010), drummer Palmolive (Paloma Romero) and guitarist Kate Korus. (Photo by Julian Yewdall/Getty Images)

Yo no sé si esta biografía llegará a tener la popularidad de otras dentro de la historia del punk. Para mí se lo merece porque, parafraseando a Albertine, sólo puedo decir que no hay nada más punk que ser mujer.

                   Por María Velvet

 

 

 

 

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