Polémica, juguetona, consciente y melancólica. No se puede definir la obra de una autora con cuatro simples palabras, pero no estaría mal para empezar. Elisa Victoria (Sevilla, 1985) se ha convertido en poco tiempo en una voz tan interesante como perturbadora en el panorama nacional, y eso ya es decir mucho. Asidua pluma de la prensa cultural de aquí, hemos comprobado que no es como las demás. Su libro “Porn & Pains” le ha dado la fama underground que merece y a la vez puede resultar picajoso en pleno debate sobre la industria pornográfica. Pero, ¿qué hay detrás? Quizás, el análisis sociológico que explica por qué somos como somos, que estamos solos sin remedio y que solo sobreviviremos agarrándonos a lo que nos quede, que precisamente es lo que nos encanta. Pero Elisa Victoria es mucho más que la autora de un libro salvavidas: carne de nuevo milenio, mete mano en fanzines, proyectos audiovisuales y hasta música. Una artista a la que ya llegábamos tarde dedicarle unas palabras.

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Elisa Victoria para Cáñamo. Foto de Joaquín León.

Habrás leído a Elisa Victoria en Ardemag, El Estado Mental, Cáñamo, Vice, El Butano Popular, Primera Línea, la antología anual ‘Hijos de Mary Shelley’ o su precioso cuento “Demasiado paté” de Ficciones Raras Vol.II de la Playground. También ha colaborado en la revista “LaMuy” y en “Verano del 2000“, proyecto curatorial de Ana Sanfrutos y ha escrito “Diario ultrasecreto de Honey“, la primera publicación en papel de Efecto 2000. Incluso este año la pudimos ver en el GRAF en plena charla sobre el cómic erótico, o en el “Tracking Bilbao” hablando de “Sexo oral (y escrito)”. Una maravilla de torbellino creativo. Nos quedamos con su marca de la casa, pero más allá de carne, la autora nos insufla su delicadeza por el tierno e ingenuo devenir humano, creando en sus escritos una oda a la juventud más perdida y a una madurez que no termina de arrancar.

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Porn & Pains” (Esto no es Berlín ediciones, 2013) fue la sorpresa y las entrevistas. Todos vieron lo que había en su interior: tras el manual de términos y fichas de actrices porno, un homenaje a la tabla de salvación que eran esas mujeres para la propia autora, en forma de semi-autorretrato, para desafiar un entorno hostil y agrio donde solo quedarían quienes fueran capaces de volar. Pero el nuevo mundo tiene mejores herramientas que ofrecernos que mojar las páginas del diario de la comunión con lágrimas. Elisa sabe que “Porn&Pains” tiene mucho de bildungsroman de extrarradio (“Hay una fuerte presencia de instituto y de adolescencia en el libro, apesta a hormonas y a ansiedad de realización juvenil. También está plagado de las consecuencias de ese ambiente escolar tan cargado y confuso) pero defiende que entre nosotras, no todo es lo que parece  (“Seguro que conoce espectadoras de porno, pero no tiene que intentar identificarlas entre las casquivanas sino entre las modositas. No las subestime, van sobradas de pómulos altos y miradas felinas. Son puro fuego, sólo necesitan una oportunidad. Están quemando internet a escondidas“) (Entrevista de Elisa Victoria en El Mundo, 11/12/2013).

Otras mujeres completan la obra, de la que felizmente ya hay segunda edición: las ilustraciones de Elena López Macías, la nueva portada de Miriam Persand o el prólogo de  Sabina Urraca. Esta última escribe, “así siento Porn & Pains: una brecha que rasga de arriba abajo el cerebro misterioso de una moza que te da curiosidad y a la que stalkeas con tu stalkeo de nueve años, sin saber qué es tal cosa, por pura ansia de saber qué hay detrás. Cuando asomas la cabeza a la brecha y miras hacia los lados, como te enseñaron a hacer antes de cruzar la calle, ves todo un universo extraño, denso y sudoroso. Un cuarto estrecho lleno hasta los topes de bajas pasiones”.

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Y ya que hablamos de la artista total, no podemos dejar de reseñar su papel de teclista en el grupo de electrónica Litorate, el proyecto de “electronic, Downtempo, Synthlove, Deep, Dance” de Joaquín León o como coguionista de “El Interior“, la película, obra también de León. ¿Se os ocurre algo más? Podríamos jurar que Victoria tiene un par de ases en la manga. Seguidla de cerca si su aplastante vitalidad no os deja ciegas como mil pajas de colegios de curas.