¿Por qué? ¿Por qué? Como un pusilánime  cascarrabias en una sala de prensa nos preguntamos cómo no hemos hecho llegar a Angel Olsen antes a nuestras vidas. Su sensibilidad, creatividad y frescura nos llamaron la atención hace años, sí, pero un día oímos en la radio que una chica gritaba: “cállate, bésame” con más rabia que amor, y pensamos: Olsen lo ha conseguido.

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Quien empezara como telonera de  Bonnie “Prince” Billy y Cairo Gang ya es más que una sólida artista en solitario. Angel Olsen (Missouri, 1987) fue criada en St. Louis por unos padres adoptivos casi octogenarios que le marcaron para siempre, intrigada por la búsqueda de la infancia en los años 30 y 50. Después se mudaría a Chicago, donde encontró su sitio en la escena underground y sintiéndose más que cómoda creando bajo la influencia del DIY: ella creaba sus cd’s, sus camisetas y organizaba sus giras. En 2010 llegaría su debut en formato cassette, “Strange Cacti” y dos años después lanzaría su primer LP con Bathetic Records, “Half Way Home”. El sello Jagjaguwar la ficha en 2014 y graba su primer álbum com banda, un fantásticoBurn Your Fire for No Witness” que llama la atención por su bella composición y sus letras de visceral romanticismo siempre bajo el ala del indie folk marca de la casa. Este mes de septiembre estrenó “My Woman“, el trabajo definitivo que ha derretido el corazón hasta al crítico más momia.

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Estructurada casi por estados de ánimo, la obra ofrece dos caras diferenciadas: en la A gana el beat, una seducción oscura pero cañera: hay pianos, hay sintes, y el primer single y masterpiece, “Shut Up Kiss Me“, una oda al amor sin condiciones y a posicionarse, también, ante la pasión con una voz rota que nos tiene enamoradas. En la cara B del disco nos adentramos en terrenos más pantanosos, melancólicos, casi experimentales. De esta parte nos quedamos con “Sister“, la añoranza familiar que golpea de nuevo por la hermana carnal que no tuvo. Rock, soul, más que folk oscuro, todo enmarcado por su portentosa voz, protagonista inefable de la causa.

Olsen ha pretendido sacar todo lo que llevaba dentro en este disco, un trabajo arriesgado en fondo y forma. No hablamos solo de amor: “My Woman” está dedicado a ella, sí, a ella. A la identidad propia, a lo que se espera del futuro, pero también a la política social e incluso al discurso feminista.  Su pasión por el sonido y la música se entremezcla con el interés en otras disciplinas. Incluso se ha lanzado a realizar sus propios videoclips también con la colaboración de su amiga Jenny Hval o Ashley Connor. Tentada a desarrollar una carrera como actriz en sus inicios, ahora prefiere ponerse tras la cámara inspirándose en sus dos grandes influencias fílmicas, Stanley Kubrick y Agnès Varda, la directora belga residente en París que a sus 88 años sigue siendo considerada como la “abuela de la Nueva Ola” y un referente en el cine feminista.

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Este octubre la tendremos de gira por Europa aunque no parece que vaya a parar por España. “Doesn’t matter who you are or what you’ve done, still got to wake up and be someone”, dice en una de sus letras. Nos la apropiamos para sobrellevar el lunes, y de paso, toda la vida.