A dos ruedas entramos por la Avenida Europea, aparcamos cerca de nuestra pensión entre dos abuelos que se empinaban una botella de Ricard y sudando, cogimos un taxi hasta la KM. Que esa disco ya no abre, nos decía el taxista, convencido de que queríamos pegarnos unos bailes pontaeriescos a las siete de la tarde. Caballero, que vamos a unos conciertos, ya ya, nos decía él con la mirada sospechosa. Gentuza, decían sus desconfiadas cejas por el espejo retrovisor, y eso que un taxista de Benidorm ha tenido que ver más que un replicante. Al final entramos derrapando, sudando como boxeadores, pensando inocentes, que sería cuando más calor íbamos a pasar en toda la noche. La Luz empezaba en cinco minutos y nosotras habíamos venido a verlas a ellas.

La Luz abrieron orgullosamente esta nueva segunda edición del Fuzzville, festival casi recién llegado donde los amantes del garage y el rockandroll ya tienen otra razón por la que desplazarse a la ciudad del pecado del levante. Y la verdad que nosotras necesitamos pocas excusas para pisar Benidorm, sobre todo si es bajo el amparo de un cartel en el que también encontrábamos a The Boys, Thee Oh Sees, Chain and The Gang o Los Chicos, o cuando damos la bienvenida al otoño con el Funtastic Festival. Pero todavía nos quedaba una bala estival, y el Fuzzville se la cobró haciéndonos sudar (eso sobre todo) tanto con los bailes como en el insufrible ambiente tropical de la discoteca KM, genial con sus dos escenarios que alternaban actuaciones sin pausa, pero con unos ventiladores inútiles que sonaban a coña. Durante todo el fin de semana el público, y también los artistas, se convirtieron en extras sudados de un videoclip de Rihanna, de esos que se rozan y brillan mucho, solo que con dientes de menos y olor a macarra. Única pega del Fuzzville, que cada año se supera con su cartel y su espíritu rockanrolla, esta vez dedicado al sello Goner.

La Luz

Así que las de Seattle aparecieron a primera hora con un auditorio todavía a medias pero que inmediatamente cayó a sus pies. La historia de La Luz empieza en 2012 cuando la ilustradora, escritora, y sobre todo música Shana Cleveland se unió a Marian Li Pino (batería), Lena Simon (antes lo fue Abbey Blackwell) (bajo) y Alice Sandahl (teclado) para formar una banda de  surf (probablemente uno de los géneros en los que más difícil es encontrar girls bands auténticas) pero cuyo sonido abarca mucho más: rock sureño de teclados luminosamente sucios, garage de chicas pussycat kill kill y puesta en escena impecable. Sobre el escenario Fuzzville se las vio seguras, cada vez más hechas al directo, pero sufriendo de alguna forma los cuarenta grados húmedos que ya empezaban a cocerse en el ambiente: ver a Sandahl secarse el bigote con el dorso de la mano las hacía aún si cabe más jefazas. Seguían dándole vueltas a su último trabajo, «Weirdo Shrine», aunque fueron con los clásicos del «It’s Alive» de 2013 y el «Big Big Blood», también junto a un excelente sonido y a la primera cerveza de la noche, con lo que nos sacaron una sonrisa perenne para el resto de la noche. Eso es clase, amigas.

La Luz (Foto: Blue Indigo Studio)

 Las chicas no tuvieron su máxima presencia en un festival cuyo género principal, el garage, no es muy recurrente entre las all-girl bands (aunque bien podríamos darles algunas ideas para futuras ediciones) pero aún así disfrutamos con la guitarra (que se desafinaba rebelde) de Ana y la veloz batería de Adriana de Las Venas. Su versión de «No mires a los ojos de la gente» y sus canciones de un trago terminaron por peinarnos para atrás. Adriana Moscoso, cantante de Texxcoco, también tuvo la misión de despertarnos el sábado a base de gritos y guitarrazos, mientras que más estoicas, y metidas en su elegante papel estaban las guitarras back-up de Chain and The Gang. Artistas como  Fiona Campbell (Vivian Girls/Coasting), Sarah Pedal de Seahorse Liberation Army, Katie Greer, o Veronica Ortuño (Finally Punk/Carrots) han trabajado con el excéntrico y carismático Ian F Svenonius, genial por su parte como bitelchusliano maestro de ceremonias.

Texxcoco.

Puede que además de los conciertazos, lo que nos llevemos de este nuevo Fuzzville sea la sensación de que las chicas han estado presentes más allá de las escasas bandas. La mitad del público era femenino, había chicas en las primeras filas, chicas lanzándose del escenario, chicas haciendo el mal y divirtiéndose metiendo codo en los pogos… Definitivamente, la nueva generación se une a la lucha para hacernos cada vez más fuertes to the front.

*Fotografías de las páginas de las bandas y el festival.